domingo, 23 de enero de 2011


Cuando amamos, el corazón del otro es un tesoro. Y cual piratas, queremos arrebatar ese tesoro sin importar si tiene dueño o no. Nos atrae el amor clandestino, secreto. Porque el amor cómplice se hace más fuerte, más nuestro y sólo nuestro. La complicidad es un guiño, una aventura. Y al amor, le encanta la aventura. En el secreto cómplice hay libertad, porque escapamos de la mirada de los demás y nos permitimos ser libres, rebeldes, aventureros, como los piratas. El amor secreto es mágico. Cuando deja de ser secreto, se vuelve real. Y el amor real es un poco más complicado. El amor pirata no conoce el miedo. Aborda, conquista, arrebata y roba. Y a veces, paga las consecuencias.