Cuando amamos,
el corazón del otro es un tesoro. Y cual piratas, queremos arrebatar ese tesoro
sin importar si tiene dueño o no. Nos atrae el amor clandestino, secreto.
Porque el amor cómplice se hace más fuerte, más nuestro y sólo nuestro. La
complicidad es un guiño, una aventura. Y al amor, le encanta la aventura. En el
secreto cómplice hay libertad, porque escapamos de la mirada de los demás y nos
permitimos ser libres, rebeldes, aventureros, como los piratas. El amor secreto
es mágico. Cuando deja de ser secreto, se vuelve real. Y el amor real es un
poco más complicado. El amor pirata no conoce el miedo. Aborda, conquista,
arrebata y roba. Y a veces, paga las consecuencias.