Un amor casi terminal, consumista y obsesivo. Único y egoísta. Real ante mis ojos. Un holograma en tu mundo. Elemental y necesario. Mi suero y mi sangre. 214 días de cicatrices interminables por todo mi cuerpo. Me convertí en una escapista, en una perfecta espía, en una harpía y aprendí a decir que no a TODOS los hombres que no llevaban ni tu nombre ni tu ADN. Hoy, siete meses después soy diez veces más paciente, porque intenté esperarte incansablemente y me volví loca pero lo logré. Me dijiste que no y aprendí a irme con la cabeza gacha sin quejarme, ni hacer movimientos bruscos para no despertarte de ese sueño, para no molestarte ni interrumpirte. Tanto para nada, y hoy... siete meses después, más fuerte e independiente que nunca, con el ego en su lugar, con las alas fuertes... listas para salir avolar lejos de vos y de todo el mundo perfecto que me dediqué a construirte para que seas feliz. Mundo destruido con tus rechazos constantes que actuaron como rocas caídas del cielo que pinté a mano... Siete meses tardé en darme cuenta de que una persona así no vale la pena.