Observaba, porque muy dentro aún tenia la vaga esperanza de encontrarte, riendo o quien sabe, buscándome. Caminaba y sonreía, para que quizás, cuando me encuentres no notaras el sabor de derrota que dejaste en mí. Caminaba y miraba fijamente al vacío, al vacío, sí, pero de manera firme, para que no advirtieras la vacilación o el recelo en mi mirada, para que ni siquiera sospecharas que no encontraba mi lugar y que poco a poco perdía en aquel juego.
